martes, 1 de julio de 2014

EL MAL DE ALTURA



Las causas del mal de altura son complejas  y aun no están claramente determinados. Hasta la fecha, la forma más clara de prevenirlo es mediante la aclimatación, aunque la administración de acetazolamida no es siempre recomendable  y la aclimatación no es siempre posible, existiendo además una gran variabilidad en cuanto a las respuestas individuales a ambas soluciones. Se ha prestado poca atención, en la literatura revisada, a los aspectos psicológicos del mal de altura, aunque parece haber indicios de que determinadas variables psicológicas podrían modular sus efectos. Cabe la posibilidad de que la ansiedad causada por una interpretación cognitiva negativa acerca de los efectos y con secuencias del mal de altura pueda generar un stress y este a su vez producir el mal de altura.
A pesar de las gratas estimulaciones que recibimos de la montaña, esta entraña algunos peligros, como la radiación solar, el frio, el viento, o el ambiente hipóxico, que desencadena en el mal de altura.
Podríamos denominar el mal de altura como: una serie de trastornos experimentados por algunas personas cuando ascienden, en general sin una previa aclimatación, o adaptación, a cotas de altura generalmente superiores a los 3000m, dependiendo de numerosos factores individuales.
Se trata de algo importante puesto que en algunos casos puede llegar a complicarse hasta provocar la muerte. Las respuestas no son claras, así como la edad, o el entrenamiento físico, no parecen prevenir el mal de altura.
                TIPOS DE MAL DE ALTURA
Los trastornos mas habituales suelen ser de tipo cerebral, oftalmológico, pulmonar, gastrointestinal, periférico y psicológico, clasificándose de la siguiente manera.
                Mal Agudo de Montaña
Síntomas: Trastorno del sueño, cefaleas, vértigos, nauseas, disneas, pulso acelerado, pérdida de apetito, ansiedad, agotamiento muscular y malestar general, suele aparecer entre las 6 y las 36 horas de exposición en altura.
                Edema Pulmonar
Es una de las más graves junto al edema cerebral.
Síntomas: Suelen aparecer  entre las 24 horas y la semana de permanencia en altura y son, tos seca, disnea, cianosis, estertores, flemas sanguinolentas, pérdida de apetito, nauseas, vómitos, cefaleas y una gran fatiga. En determinados casos se puede llegar al coma y sin el tratamiento correcto, la muerte.
                Edema Cerebral
Es parecido en sus comienzos al mal agudo de montaña, este se va agravando poco a poco y si no se detiene aparece el coma y la muerte.
Síntomas: ataxia, amnesias, alucinaciones, incoherencias verbales y conductas psicóticas o paranoicas.
                Edemas periféricos
Afectan  en general a la cara, las manos y los tobillos, y son generalmente discretos. No son precursores del edema pulmonar o cerebral .
                Retinopatías Hemorrágicas
Normalmente no hay síntomas visuales, a menos que la hemorragias cubran la mácula. Estas afecciones pueden verse favorecidas por esfuerzos intensos y también por la velocidad de ascensión, la edad y los antecedentes del mal de montaña agudo.
FACTORES QUE INFLUYEN EN EL MAL DE ALTURA
Los efectos acusados por el organismo durante una exposición a la altura dependen además de la altitud, de la temperatura ambiente, la latitud y especialmente de la susceptibilidad individual.
Los parámetros físicos, la altitud y en menor grado, la latitud y la temperatura ambiente producen variaciones en la presión atmosférica. Esta última y, por tanto, la presión parcial del oxigeno, sufren un descenso con el incremento de la altura. Así mientras que el nivel del mar se estima que la presión parcial de oxigeno (pO2) es de 159,2 mm de mercurio, a 8848m en la cima del Everest es de 49,5 mmHg, un 70% menos.
La presión depende también de la latitud, a mayor distancia del ecuador mayor es la disminución de la presión. Con lo que a alturas iguales la pO2 es más baja en los polos que en el ecuador, aunque también debemos de tener en cuenta los cambios estacionales que en invierno es menor que en verano .
Según Richalet la susceptibilidad humana sería un factor especialmente importante en la aparición del mal de altura.
De este modo, dos personas de una misma expedición, que progresan a la misma velocidad, pueden soportar de forma muy diferente la altitud independientemente de su nivel técnico o de entrenamiento.
TRATAMIENTO
La mejor forma de tratar el mal de altura es mediante la aclimatación. Esta supone un proceso de adaptación a la pO2 atmosférica reducida de la montaña, siendo la clave ascender lentamente.
Aunque a veces la rapidez es la clave para conseguir ciertas cumbres que por motivos económicos o meteorológicos nos empuja a precipitar las ascensión.
Aun así también existen casos en los que montañeros bien preparados que han subido lentamente se ven afectados por el mal de al. Por otra parte, el no haber sufrido nunca antes el mal de altura, no significa que no se vaya a sufrir nunca, y el hecho de haberlo padecido tampoco significa que estés inmunizado.
En definitiva, las causas son complejas y en ellas debemos de sumar incluso factores psicológicos.
Como fármacos, se han propuesto algunos de ellos para el tratamiento del mal de altura. La acetazolamida, un inhibidor de la anhidrasa carbónica, puede ayudar a prevenir e inhibir el mal agudo de montaña y ciertos caso de edema pulmonar, pero aun deben de aportarse mas datos y tomarse con prudencia.
Otros estudios con vincamina, alcaloide de la vinca, han demostrado que no es el fármaco adecuado para el mal de altura.
Para un mal agudo de montaña leve, el descanso, sin ganar altura y simples analgésicos, por ejemplo, paracetamol, normalmente son suficientes, y los afectados se recuperan en un par de días. Además del reposo, se suele prescribir oxigenoterapia.
De todas formas, en todos los casos graves, será preciso descender a altitudes inferiores a 3000 metros. Por  otra parte, una hidratación correcta, una alimentación apropiada, ropa no ajustada y de alto poder aislante, y evitar una inactividad prolongada, son muy recomendables en la alta montaña.

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